
Identidad
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¿Quiénes somos?
La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico confiesa que Jesucristo es el Señor y afirma como horizonte de su vida y misión actuar en obediencia a su voluntad. Nuestra identidad no surge de un sistema dogmático ni confesional que imponga postulados doctrinales uniformes, sino de una fe centrada en la Biblia como regla de fe y práctica, desde la cual discernimos nuestra vida, misión y testimonio.
Afirmamos que la Biblia es la fuente de nuestras creencias básicas. Confesamos que Dios es el Creador de todo y que se revela a la humanidad en Jesucristo. Creemos que Jesucristo, Dios hecho ser humano, es el Señor y Salvador de la humanidad, y reconocemos que el Espíritu Santo afirma su presencia y su ministerio en medio de la Iglesia, guiándola y capacitándola para su misión.
Confesamos a un Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y afirmamos que la aceptación y confesión pública de Jesucristo como único Salvador es fundamental en nuestra fe. Nuestra adoración es libre, balanceada y ordenada, y entendemos la misión y la evangelización como un llamado permanente a proclamar el evangelio de Jesucristo, reconociendo que cada creyente es sacerdote, llamado a interceder y a servir para que otros conozcan al Señor.
Asimismo, afirmamos la unidad de la Iglesia, reconociéndonos como parte de la Iglesia Universal de Jesucristo, representada por diversas congregaciones y denominaciones. Esta convicción se expresa en nuestro lema histórico:
“En lo esencial, Unidad; en lo no esencial, Tolerancia; y en todo, Amor”.
Por medio de la fe afirmamos el señorío de Jesucristo con libertad de conciencia; evaluamos diversas interpretaciones con respeto; y, a través del amor, buscamos preservar la comunión y la unidad del cuerpo de Cristo.

Nuestros Orígenes
La historia de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico se remonta al año 1899, con la llegada de los misioneros E. A. Erwin y su esposa, quienes iniciaron una obra evangelizadora marcada por la sensibilidad pastoral y el compromiso con la realidad social y económica del país. Desde sus comienzos, la Iglesia fue creciendo en diálogo con el desarrollo histórico del pueblo puertorriqueño, integrando la herencia misionera con la experiencia, la cultura y la identidad del país.
A lo largo del tiempo, diversos misioneros y líderes aportaron a la formación espiritual, educativa y organizacional de la Iglesia. Su fe, dedicación y servicio dejaron una huella profunda en nuestra identidad colectiva. Reconocemos con gratitud la labor de hombres y mujeres que, con la ayuda de Dios, sembraron y cultivaron el evangelio en nuestra tierra, confiando en la guía del Espíritu Santo y en la provisión fiel de Dios aun en medio de desafíos y limitaciones.
Un momento significativo en este caminar fue el avivamiento de 1933, que impulsó a la Iglesia a asumir mayores responsabilidades de liderato y a afirmar con mayor claridad su vocación y misión. Este acontecimiento sentó bases firmes para su desarrollo posterior y abrió un proceso de reflexión continua sobre su vida, su testimonio y su servicio. Particularmente a partir de la década de los sesenta, la Iglesia comenzó a tomar mayor conciencia de su realidad eclesial, económica y social, y de su llamado a responder fielmente a ella.
Este proceso de discernimiento y maduración condujo a importantes pasos de afirmación institucional, entre ellos la incorporación legal de la Iglesia el 7 de enero de 1965, y la asunción plena de su responsabilidad financiera en 1974, consolidando así su autonomía y fortaleciendo su capacidad de servir con responsabilidad y visión.
A través del tiempo, la Iglesia ha sido conocida por distintos nombres, reflejo de su crecimiento, reorganización y desarrollo histórico, hasta asumir su nombre actual como Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, Inc., expresión de una identidad arraigada en la fe, comprometida con su contexto y orientada hacia el futuro.

Nuestra organización
La identidad de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico se expresa en la integración de todas las iglesias locales, actualmente más de un centenar, así como de aquellas que en el futuro sean reconocidas. Cada iglesia local es la unidad básica de la vida y misión de la Iglesia, organizada bajo un gobierno congregacional que afirma la participación responsable, la libertad de conciencia y el discernimiento comunitario del pueblo de Dios.
Al mismo tiempo, reconocemos que somos una sola Iglesia, llamada a vivir en comunión. Esta convicción nos compromete a mantener lazos de unidad entre el ámbito general y las iglesias locales, promoviendo la mutua edificación, la cooperación ministerial y el desarrollo de un liderato capacitado para servir con fidelidad, sabiduría y amor.
Nuestra organización responde a una visión de fe que entiende la estructura como un medio al servicio de la misión, y no como un fin en sí misma. Por ello, procuramos una capacitación administrativa efectiva y responsable que fortalezca la vida de las iglesias locales y les permita responder de manera contextualizada a los retos espirituales, sociales y comunitarios de nuestro tiempo.
Hoy, la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico continúa su caminar como una iglesia misionera, comprometida con la proclamación del evangelio de Jesucristo, en crecimiento constante y al servicio del Reino de Dios, confiando en la guía del Espíritu Santo y en la gracia de Dios que nos ha sostenido desde nuestros orígenes hasta el presente.

